Convengamos con Parménides: si lo que es, siempre ha sido, no tuvo génesis; pactemos ahora en que el mundo es (no nos salgamos del plano de lo que yo llamo real, es decir, de lo que aparece), ¿por qué buscamos una causa prima, un Dios? ¿Por qué dudamos del mundo aparente, en palabras de Nietzsche? ¿Acaso porque el mundo nunca ha sido igual y el Ser es inmutable? Entonces nos saldría Aristóteles con su as bajo la manga: el comodín de los accidentes, y nos diría: ¡La cosa siempre es a pesar de los accidentes! La cosa en sí no es cognoscible, mientras tanto, sigan debatiendo todos uds: científicos, físicos, teólogos, filólogos y sobre todo, filósofos… vean qué nombre ponerle: substancia, esencia, mero lenguaje, átomo, partícula, mónada, idea… Eso ya no es asunto mío, ¿cuántos siglos llevamos buscando eso? Parménides fue claro: lo que es, es; lo que no es, no es. Pero si no negamos el cambio, el devenir, y vamos más allá de los nombres, algo siempre es: a esto llamo yo el mundo, el todo, la cosa que se me presente; y en tanto es, nunca puede tener una causa prima, un Dios, ¡y menos un creador ex nihilo! –si convenimos con Parménides, claro está-.
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2 comentarios:
Yo espero que sigamos debatiéndolo. Ese debate nos llevó, por poner dos ejemplos, al microondas y la bomba nuclear. Y aprecio particularmente al primero.
Diego: no había visto tu respuesta, y ni me acordaba de la existencia de este post. Creo que lo dejaré para reírme dentro de unos años...
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